Hormonoterapia
Editado por Dr. Rafael Ríos Salazar, médico endocrinólogo.

La testosterona es una hormona androgénica que se produce, principalmente, en los testículos. Dado que los hombres transexuales no los poseen testículos, deben incorporarla a su organismo artificialmente.

Para la terapia de reemplazo hormonal en hombres transexuales, se utilizan análogos de la testosterona. Esta se absorbe muy rápidamente, y su duración de acción es muy breve, por lo que son necesarias modificaciones químicas, como la esterificación (que da lugar al cipionato y al enantato de testosterona).

Actualmente existen diferentes preparados masculinizantes con dosis y concentraciones variables, tanto inyectable, parches y gel. En Chile, podemos encontrar los siguientes:


Enantato


Testosterona Enantato
(Lab. Chile)
Administración: 1 ampolla de 250 mg (1 ml) cada 15 días, mediante inyección intra-muscular profunda.

Sustenon 250

Sustenon 250 (Lab. Organon Chile)
Administración: 1 ampolla de 250 mg (1 ml) cada 15 días, mediante inyección intra-muscular profunda.

Primoniat

Primoniat Depot (Lab. Schering de Chile)
Administración: 1 ampolla de 250 mg (1 ml) cada 15 días, mediante inyección intra-muscular profunda.

Nebido

Nebido (Lab. Schering Chile)
Administración: 1 ampolla de 1000 mg (4 ml) cada 12 semanas, mediante inyección intra-muscular profunda.

TestoCaps

Testocaps® Cápsulas Blandas (Lab. Organon Chile)
Cada cápsula contiene: Undecanoato de Testosterona 40 mg.
Administración: Usualmente, una dosis diaria inicial de 120-160 mg cada 15 dias, seguida por una dosis de mantención diaria de 40-120 mg. Se debe tomar durante las comidas, con cierta cantidad de líquido e ingerir entero sin masticar. Se recomienda ingerir la mitad de la dosis diaria por la mañana y la otra mitad por la noche. Si se ingiere una cantidad de cápsulas impar, la dosis mayor se deberá tomar por la mañana.

ActiserT

Actiser (Lab. Silesia)
Testosterona micronizada 1% Gel.
Administración: Se administra por vía tópica. Si dentro de 14 días no se obtiene respuesta clínica deseada, la dosis de Actiser® al 1 % podría ser aumentada de 5 g a 7,5 g y de 7,5 g a 10 g, de acuerdo a las instrucciones del medico.


Para empezar la terapia de reemplazo hormonal, el endocrinólogo analiza diversos exámenes sanguíneos, prestando especial atención al perfil hormonal (niveles de andrógenos y de estrógenos endógenos) según el metabolismo de cada paciente. Los análisis de sangre más comúnmente requeridos son:
- Hemograma
- Perfil Lipídico
- Niveles de: Testosterona, Estradiol, LH (Hormona Luteinizante), FSH (Hormona Folículo Estimulante), SHBG.

Los valores normales de Testosterona son:

Testosterona Total:
Hombres adultos 300 - 1200 nanogramos / decilitro
Mujeres adultas 20 - 75 ng / decilitro

Testosterona Libre:
Hombres adultos 3 - 24 ng / decilitro
Mujeres adultas 0,09 - 1,30 ng / decilitro

La testosterona total es la resultante de la suma de la testosterona libre más la testosterona fijada. De hecho, la testosterona libre (2 %) es la biológicamente activa, es decir, es la responsable de todos los cambios que sufrimos.

Hay que tener en cuenta que en el momento de la administración del preparado se produce un pico hormonal, que va disminuyendo progresivamente hasta que llega al mínimo hacia las 2-3 semanas tras la administración. Esto se debe a que el cuerpo absorbe de inmediato la testosterona, y la va gastando, sin regular la cantidad a diario, y dado que los hombres transexuales no producimos suficiente testosterona, conforme se gasta (cada día) no se repone, sino cada cierto tiempo en cuánto nos ponemos otra inyección (2-3 semanas o más, según nos haya indicado el endocrino).

A nosotros solo se nos puede administrar testosterona y otros andrógenos. En ningún caso se prescribirá hormonas antiestrogénicas (que existen) ya que provocarían efectos contrarios como la aparición de la menstruación, ya que, paradójicamente, el cuerpo las utiliza para estimular la secreción de estrógenos (por tanto, es difícil anular ciertas características femeninas).

Hay que tener en cuenta también que los ésteres de testosterona son altamente tóxicos para el hígado, ya que este los metaboliza, por tanto, es muy importante seguir la dosis recomendada por el médico y no aumentarla sin su permiso. Y, por supuesto, no automedicarse.

Para controlar si tu cuerpo reacciona adecuadamente a la hiperandrogenia, el endocrino te hará análisis u otras pruebas de forma periódica. Dado que la testosterona produce cambios importantes a nivel interno (en órganos y sistemas), no se trata de medir únicamente los niveles de testosterona conseguidos, sino también otros parámetros bioquímicos sensibles a estos cambios y que sean capaces de reflejar el estado de esos órganos. Así, medir las transaminasas sirve para conocer el estado del hígado; medir la presión sanguínea puede ayudarnos a controlar la tensión y por tanto, prevenir la hipertensión; etc.

También hay que hacerse regularmente controles ginecológicos, ya que la medicación podría potenciar el desarrollo de ciertos cánceres (de mama, útero…), hasta el momento en que te sometas a la mastectomía o histerectomía radical. De todas maneras, existe la posibilidad, aunque mínima, de contraer cáncer en los tejidos residuales, aún tras haberse efectuado las extirpaciones quirúrgicas.

Y también podemos tener problemas cardiovasculares, ya que el tratamiento androgénico nos sitúa en una categoría de riesgo. Para prevenirlos se recomienda no fumar, hacer ejercicio moderadamente, prevenir el sobrepeso y la presión alta (hipertensión).

Los andrógenos han de administrarse con precaución ante algunos fármacos, como: insulina u otros medicamentos para la diabetes (debido a que puede influir sobre la tolerancia a la glucosa y modificar así las necesidades de insulina o de otros antidiabéticos), etc. Por tanto, es importante que informes correctamente a tu endocrino sobre cualquier enfermedad u alteración que padezcas, por insignificante que pueda parecer (por ejemplo, epistaxis o pérdidas de sangre nasales).

Además, no es recomendable la administración de andrógenos en pacientes afectados de dislipemia severa, problemas cardiovasculares graves, enfermedad cerebrovascular o tromboembólica, obesidad excesiva, diabetes mellitus mal controlada y/o enfermedad hepática grave, ya que la testosterona está contraindicada en estos casos.

Los cambios son múltiples y variados, pero sobretodo has de tener en cuenta que cada persona reacciona de manera diferente al tratamiento hormonal. Así, mientras que uno puede notar rápidamente ciertos cambios, a otro le pueden tardar mucho más tiempo en aparecer e incluso mantenerse inalterables prácticamente.

La transformación debe tener en cuenta dos aspectos:
A) La eliminación de las características sexuales originarias, es decir, las femeninas.
B) La inducción de características sexuales propias del sexo deseado, el masculino.

Como consecuencia de la administración de andrógenos sintéticos (y posteriormente cuando se realice la ovariectomía, del cese total de estrógenos y de otras hormonas producidas en los ovarios) se produce una serie de cambios en cascada en los valores de otra serie de hormonas (LH, FSH, prolactina,...) tan importantes como las anteriores.

Y es que los andrógenos tienen efectos androgénicos (los causantes del desarrollo de las características sexuales secundarias masculinas) y efectos metabólicos. Es decir, los primeros son los responsables básicamente de los cambios a nivel externo (morfológicos), mientras que los segundos producen cambios a nivel interno, en el funcionamiento y composición de muchos órganos importantes (hígado, riñones, músculos, médula ósea...).

La mayoría de los cambios serán positivos (de cara a obtener una apariencia externa masculina), pero esto no quiere decir que la hormonación no nos produzca efectos adversos, de ahí la importancia de seguir un exhaustivo control médico.

El tratamiento hormonal tiene consecuencias irreversibles: esterilidad, hirsutismo, cambio de voz y aumento del tamaño del clítoris. De todas maneras durante los primeros 6 meses los cambios no son totalmente irreversibles con lo que sí durante este periodo tienes alguna duda sobre tu cuerpo y tu psique puedes esperar hasta que estas dudas se aclaren definitivamente. Se deben tener las cosas muy claras para comenzar el proceso transexualizador y acabarlo con éxito, sino los problemas pueden aumentar, y la insatisfacción también.

Aunque dejes la terapia hormonal, una vez que has comenzado a hormonarte, difícilmente quedarás tal como eras antes. Además, tal como hemos dicho antes, tras la ovariectomía no hay vuelta atrás. Por lo tanto, es necesario que lo tengas muy claro en el momento de comenzar el proceso.

Los primeros efectos aparecen entre las 6-8 semanas. Los cambios continúan de forma gradual entre los 6 y 24 meses siguientes, hasta que se completan, y se estabilizan definitivamente. La inducción de características masculinas puede prolongarse entre 2-4 años, e incluso más. La barba puede continuar creciendo durante 4 o 5 años más.


Hormonación

El hecho de que tú no notes los efectos no quiere decir que tu cuerpo no se esté masculinizando. Se trata de un proceso gradual, que necesita de pequeños cambios para conformar otros de más visibles. Por ejemplo, una cara masculina necesita primero que se reestructure la grasa existente, que se pierda grasa subcutánea y aparezca algo más de músculo, que aparezca acné, que aparezca el vello, primero en el bigote, luego en la barbilla y por último en las mejillas, que aparezcan entradas y que el pelo se distribuya de forma diferente. Todo ello puede llevar más de un año y medio y la aparición uniforme de barba por toda la cara puede retrasarse hasta 5 años o más.

La altura, la anchura de las caderas (la pelvis con los ejes femorales oblicuos), la dimensión de la caja torácica y de los omoplatos (cintura escapular), no se modifican durante el tratamiento hormonal. Sólo en el caso en que no hayas completado tu crecimiento óseo, y por tanto no hayas conseguido tu talla definitiva todavía, puedes crecer 1 o 2 cm. aunque es muy improbable y en este caso, la testosterona te permitirá crecer 1 o 2 cm. pero no más, porque en la edad adulta el cuerpo esta muy limitado para el crecimiento. Si tienes dudas, hazte una radiografía de la mano izquierda (si eres diestro) y el médico ya te indicará si hay una pequeña probabilidad de crecer este deseado centímetro.

Tampoco te aparecerá un pene, sino que un órgano femenino como es el clítoris se modificará (masculinizará) y como resultado dará un clítoris hipertrofiado (se trataría de un órgano con características mixtas, tanto se podría hablar de un clítoris hipertrofiado como de un pene pequeño).

Dado que todos nosotros nos cambiamos ya en la edad adulta, hemos pasado la pubertad y, por tanto, tenemos el cuerpo femenino totalmente acabado, retroceder los cambios hasta antes de la pubertad e iniciar de nuevo otros cambios es imposible. Así que al partir de un cuerpo femenino adulto, estamos más limitados que si partiéramos de un cuerpo femenino pre-puberal, en él cual si que probablemente se nos podría modificar la altura, la anchura de las caderas, la estrechez del tórax, y otros rasgos como el clítoris crecerían más rápidamente y serían mucho más masculinos.

Todos los cambios dependen de factores genéticos (familiares, raciales, etc.…) que son los responsables de la susceptibilidad a los andrógenos que tu cuerpo tenga. A más susceptibilidad, más rápidamente y más serán las características masculinas inducidas. Así, una manera de prever de manera muy eficaz el grado de virilización (la susceptibilidad a los andrógenos que tu puedas tener) es observando los rasgos masculinos (el grado de alopecia o de vello, por ejemplo) de tus familiares más próximos (en especial de tu hermano o hermanos y en su defecto de tu padre).

Además, también es importante, la edad a la que empieces a hormonarte, y por supuesto, la salud y los hábitos adquiridos (dieta, tabaco, alcohol, drogas, etc.). En general, cuánto más joven se empiece el tratamiento hormonal, mayores son los signos de virilización que se conseguirán. Además, el patrón de la masculinización no sigue una escala linear, es decir, que la diferencia entre empezar a los 18 años respecto a los 28 es mucho más importante, que la diferencia entre iniciar los cambios a los 38 respecto a los 48.

Ten en cuenta que la toma de andrógenos de forma regular obliga al hígado a trabajar intensamente. Por ello, fumar, beber o tomar drogas regularmente puede estresar todavía más al hígado, pero además, el alcohol y el cannabis inciden directamente sobre la masculinización de tu cuerpo, entorpeciendo la acción de la testosterona.

Aunque la literatura médica no lo verifica, algunas personas tienen un cambio en sus emociones. Se sienten más agresivas, y tienen mayor necesidad de control y dominio. Otras dicen que sus secreciones corporales (sudor y orina) se vuelven más fuertes, así como, que se sienten con mayor apetito y con mayor necesidad de gastar energía, haciendo, por ejemplo, más ejercicio.

Los cambios en tu cuerpo a causa de la hormonación con testosterona, principalmente, se pueden resumir en los siguientes, aunque hay más:

1. Desaparición de la menstruación (amenorrea) en un tiempo variable, de 2 a 4 meses aprox. Primero el ciclo se vuelve irregular, y luego cesa. En algunos casos para que desaparezca totalmente hay que tomar complementos de progestágenos (habitualmente usados como anticonceptivos), debido a sus propiedades antigonadotropinas, es decir, que inhibe la secreción de LH y FSH por la glándula hipofisaria. Uno de ellos es el acetato de medroxiprogesterona. Los progestágenos están contraindicados en pacientes con antecedentes de tromboflebitis y enfermedad tromboembólica.

2. Aparición y distribución masculina del pelo. La testosterona hace crecer el pelo: 1) sobre el pubis (vello sexual); 2) hacia arriba a lo largo de la línea alba, a veces hasta el ombligo y por encima de éste; 3) en la cara, aunque la barba tarda en conseguirse de forma satisfactoria. Primero aparece en el labio superior, luego en la barbilla y finalmente en las mejillas. 4) habitualmente en el pecho, y 5) menos frecuentemente en otras regiones del cuerpo, como la espalda. También hace que el vello de otras regiones del cuerpo (piernas y brazos) prolifere más, así como que éste sea más fuerte y oscuro. Todo esto varía según cada persona ya que depende de factores genéticos. Una manera de saber que grado de pilosidad vas a tener es observar la de los miembros masculinos de tu familia (tu hermano es el mejor ejemplo).

3. La voz obtiene un timbre más grave como resultado del crecimiento (hipertrofia) de la mucosa laríngea, con el consecuente engrosamiento de las cuerdas vocales. Por todo ello, la nuez (cartílago tiroides) sobresale más. Durante el cambio de voz y hasta que la nueva voz no se afianza definitivamente, ésta sufre cambios repentinos de frecuencia (los típicos gallos). No siempre se consigue una frecuencia suficientemente grave. En algunos casos puede ser necesario ir al logopeda, especialmente si trabajas con la voz (cantantes,...). Éste te indicará ciertos ejercicios con el fin de que tu voz pueda mantener o conseguir los tonos que precises.

4. Reestructuración de la grasa corporal. Se pierde grasa subcutánea, y también se pierde la forma femenina característica en caderas, glúteos y trasero. Además, la grasa se reparte de manera diferente por el resto del cuerpo (pecho y cintura). Se adoptan rasgos masculinos (sobretodo en la cara) y aumenta el acumulo de grasa abdominal, aunque en general la proporción de grasa disminuye. Así, en mujeres (no obesas) la grasa forma parte de un 23% del peso, mientras que en hombres (no obesos) representa sólo un 11% del peso total.

5. Se produce una mayor síntesis de proteínas, lo cual da un aumento de la masa muscular, y por tanto, de la fuerza y potencia. También aumenta el peso, como consecuencia del aumento de masa magra corporal (unos 4 Kg. aprox.). Además, aumenta la retención de líquidos, con lo cuál el aumento de peso todavía es mayor. Esto va ligado a un aumento en la retención del nitrógeno.

6. La reducción de las mamas, si se da, es mínima y siempre es necesaria la mastectomía bilateral. Ni el color ni el tamaño de las aureolas variarán con el tratamiento hormonal.

7. La piel aumenta su espesor ya que se vuelve más rica en colágeno, por lo que se transforma en una piel más áspera y resistente. Además, aumenta la secreción de las glándulas sebáceas y sudoríparas, motivo por el cual algunas personas refieren que sus secreciones corporales son más fuertes.

8. Aumento de la libido o deseo sexual. Al principio estás mucho más sexual, es como el paso de chico a hombre. Sin duda, estar más a gusto con tu nuevo físico, hace sentirte mucho mejor en todos tus aspectos y, por tanto, te reafirmas en el plano sexual.

9. Aumento del tamaño del clítoris (hipertrofia o clitoromegalia). Su crecimiento es muy variable. En la mayoría de los casos se sitúa entre los 4-6 cm. aunque también puede situarse por encima o por debajo. Cuánto más tarde se empieza el tratamiento hormonal, menor es su crecimiento (tanto en grosor como en elongación) y aunque, al principio, crece más rápidamente, sigue creciendo y engrosándose durante más tiempo. A veces, durante su crecimiento inicia lpuede llegar a producir dolor. Tiene capacidad de erección, puesto que el clítoris y el pene son estructuralmente iguales. En la mayoría de los casos su pequeño tamaño no permite la penetración de tu pareja.

10. Los andrógenos estimulan la eritropoyesis, es decir, la producción de eritrocitos o glóbulos rojos en la médula ósea. Así, se produce un incremento de los glóbulos rojos en la sangre. La hemoglobina y el hematocrito (relación entre los glóbulos rojos y la sangre total) también se ven aumentadas y con ello, también, aumenta la capacidad de transporte de oxígeno por la sangre. Este es uno de los motivos por el que los atletas se dopan con andrógenos.

11. La testosterona tiene un efecto vasodilatador sobre las arterias periféricas.

12. Aumenta el metabolismo basal, que es la energía necesaria para mantener el organismo en funcionamiento pero en reposo. Como consecuencia del efecto anabólico de la testosterona, se produce un aumento de la cantidad de proteínas (especialmente las enzimas), lo cual aumenta la actividad celular, y por consiguiente, el gasto energético.

13. Incremento de la retención y depósito de calcio en los huesos. Esto produce un ligero aumento de la densidad ósea, aumentando así el grosor de algunos huesos, especialmente los esponjosos (mandíbula, pelvis,...). La testosterona contribuye, también, al mantenimiento de la masa ósea.

14. La testosterona no solo aumenta la energía, sino que contribuye a retrasar la aparición de la fatiga, aumentando, por consiguiente, el rendimiento.

15. Caída del cabello (alopecia). A consecuencia del tratamiento hormonal con andrógenos, podemos sufrir alopecia androgenética, cuya incidencia aumenta con la edad. Es la forma más frecuente de caída de cabello en el hombre, empieza con las típicas entradas en las sienes, y a medida que ésta avanza afecta también a la coronilla.
La predisposición a la pérdida del cabello es hereditaria, aunque también está determinada por la forma en que los folículos pilosos (la raíz del cabello) reaccionan ante las hormonas masculinas (especialmente la DHT, un precursor de la testosterona). En realidad, los andrógenos producen un acortamiento en la fase de crecimiento de los folículos pilosos (especialmente en la parte superior de la cabeza), haciendo que crezcan menos pelos, y que los que crezcan sean de menor tamaño y grosor que sus predecesores.

16. Aumento del riesgo de tromboembolismos, a consecuencia del aumento de la viscosidad de la sangre (debido al incremento de los glóbulos rojos, y por consiguiente de la hemoglobina y del hematocrito), así como por el aumento del colesterol y de los triglicéridos (que también puede conllevar al desarrollo de arteriosclerosis).

17. Aumento de la tensión arterial (hipertensión), con el consiguiente riesgo cardíaco.

18. Aparición de acné y seborrea, debido al aumento de la secreción de las glándulas sebáceas. Entre un 50-60% de las personas que se hormonan, y en mayor o menor grado según cada individuo. En algunos casos (en un 10-15% de los casos totales de acné) pueden necesitar la atención de un dermatólogo (en pieles extremadamente grasas).

19. Las hormonas esteroides pueden aumentar la retención de sodio en los riñones, afectando así al equilibrio electrolítico e hídrico. Y debido a esta retención de sodio, existe mayor posibilidad de edemas (acumulación anormal de líquido en los tejidos). Esto implica, también, un aumento de peso.

20. Esterilidad, como consecuencia de la desaparición de la ovulación, que se vuelve irreversible tras la ovariectomía (extirpación de los ovarios). De todas maneras y aunque no se hayan extirpado los ovarios, tras un tiempo prolongado de hormonación, los ovarios pierden totalmente su capacidad funcional, es decir, se vuelven estériles.



IMPORTANTE: Este documento tiene carácter informativo. Debese consultar un endocrinólogo a la hora de iniciar cualquier tratamiento hormonal.
 

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